viernes, 14 de julio de 2017

«La innovación, ¿pócima milagrosa?» | Koldo Saratxaga



Este escrito forma parte de un proyecto de libro que ofrecería artículos y entrevistas de Koldo Saratxaga, cuyo título provisional sería Escritos y diálogos. Del mismo puedes leer la «Reflexión para debatir», publicada en fechas anteriores.



«Se termina un nuevo año y continuamos hablando de innovación. Cierto es que quienes más ocupan los medios son personajes de organismos oficiales, los cuales, generalmente, tienen un discurso progresista, pero en el fondo son muy conservadores. Como ejemplo, bastante patético, veamos la evolución de todo lo concerniente a la educación.

»En un encuentro sobre UTOPIA coincidí con Ander Gurrutxaga, el cual, entre otras reflexiones de interés, indicó que: “La innovación es, en este momento, un concepto fetiche, es un placebo”. Inmediatamente pensé que esa manera de expresarlo ya se me tenía que haber ocurrido.

»Creo de verdad que nos estamos engañando si continuamos con la frase miles de veces repetida: para salir de la crisis debemos innovar. La innovación ha existido desde que el mundo es mundo, y por tanto cuesta comprender por qué esta obsesión en los últimos tres años de emplearla como si fuera la pócima milagrosa.

»La innovación es una consecuencia, es un fin, no es un concepto, no es un proceso, no es un procedimiento, no es una herramienta, no es una…, es la consecuencia de la unión de personas libres, cooperando en confianza con el resto de las personas que forman un proyecto común al que dedican, con ilusión y un buen toque de pasión, sus capacidades y valores.

»La innovación no es como decía un ponente del último congreso en Bilbao sobre el tema: cinco equipos de cinco personas que generan cinco ideas en cinco días. Esto es más un eslogan publicitario que una realidad de organización innovativa. Para crear una organización innovativa se necesitan espacios de libertad. La libertad necesita de ciudadanos maduros, conscientes y participativos. Es decir, personas activas en lo social y con perspectiva comunitaria. Es la libertad fraternal donde no se impone, ni se delega, se participa. En este mismo encuentro mencionado, Javier Elzo indicaba que: “El trabajo no está considerado como una relación social”. Hasta aquí hemos llegado.

»Cómo es posible crear organizaciones innovativas, tal y como he definido, si nos encontramos con: una SOCIEDAD que prima y resalta al listillo, al competitivo individualista, al dinero, al poder,... al tener más. Al tener por encima del ser. Una UNIVERSIDAD que enseña cómo lograrlo, y si puedes unos másteres creados para ir más de prisa. Una EMPRESA donde existe una jerarquía, un organigrama, diseñado en 1913, que tiene sus raíces en el modelo militar; llena de normas, procesos y procedimientos que te empujan a lo urgente y a la tarea, es decir a la rutina, que es el mejor bálsamo para que no pienses y por tanto para que no crees nada nuevo; donde no se permiten la crítica pública, el error, la divergencia, y sí el control y la falta de información total y veraz. Unos SINDICATOS que no evolucionan, que están lejos de la realidad y de la complejidad que hoy supone y cada vez más supondrá mantener las organizaciones empresariales en el nuevo marco de competitividad mundial. Es que nadie quiere pensar que pertenecemos a un Estado que mantiene la tasa de paro más alta de Europa y, por otro lado, la tasa de productividad más baja.

»Con todo cariño y crudeza diré que o se migra hacía un nuevo estilo de educación y un nuevo estilo de relaciones empresariales y sociales o bien las pymes de este país desaparecerán, más bien antes que después, sin saber qué fue de aquel fetiche que le prometió la salvación.»












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